sábado, 24 de septiembre de 2011

Rubén Moreira : Fox pasó por Salta

Por Rubén Moreira

El hombre paseó su humanidad de casi dos metros de altura (más alto y grueso que nuestro JMU, medidos a “ojímetro”), caminando –micrófono inalámbrico en mano- de un lado a otro del escenario. En verdad, parecía más un CEO de la Coca Cola relatando alguna exitosa experiencia de managment, que un ex presidente y nada menos que de mi entrañable Estados Unidos de México (1.972.550 km2 14º del planeta, 112.322.757 habitantes 11º). Era un Fox en estado puro, según se verá. La Fundación Universitaria del Río de la Plata “trajo el mundo” a Salta en tres ocasiones: chapeaux, de nuevo, para ella. Nos viene bien que haga estas presentaciones, que ojalá perduren en el tiempo. A las anteriores visitas de Eduardo Frei-Ruiz Tagle y Julio María Sanguinetti se agregó ahora la de Vicente Fox Quesada. Comparado con ellos, Fox está -para mi gusto- unos escalones más abajo en cuanto a formación intelectual y talla política. ¡Pero vaya que tiene mérito! En el auditorio variopinto de la tarde del martes 30 de agosto, había de todo: gente con sana curiosidad dispuesta a escuchar y aprender, máximas autoridades de la Provincia, funcionarios disciplinados, políticos de toda laya, dirigencia social destacada, con dosis inevitables de caretaje. No dejó tema sin tocar con gran habilidad comunicativa. Fox sigue siendo un “pragmático”, liberal en lo político y económico pero lo suficientemente astuto como para no entramparse en definiciones. Consideró la necesidad de mejorar nuestras economías nacionales e integrarlas a partir de una convicción: la generación de riquezas es fruto de los emprendedores privados, pontificó, instando más keynesianamente a asociar la inversión pública con la privada. Y arremetió contra el monopolio estatal del gigante PEMEX, la mayor fuente de corrupción e ineficacia, sostuvo sin vueltas, que puso la enorme riqueza petrolera de su país a solo 9 años de dejar de exportarlo por falta de inversiones. Recordó entonces que durante la década de los 60 México creció a una tasa anual promedio del 10 %, en virtud de las políticas desarrollistas implementadas a partir de la presidencia de Adolfo López Mateos. Y acá estaba pasando lo mismo, recordó don Vicente en implícita alusión a la época de Arturo Frondizi. Hoy México –y Brasil a partir de Juscelino Kubitschek- ya está para jugar en las grandes ligas. Brasil y México, pese a las enormes dificultades que exhiben, ya tienen la base industrial consolidada y, por tamaño y población, concurren periódicamente a las reuniones del G 8, anticipo de lo que será el nuevo esquema de poder mundial dentro de una generación más. Después, quizás como tardío desquite del mal rato que Néstor Kirchner y Hugo Chávez le hicieron pasar –a él y a G. Bush (jr)- en la IV Cumbre Americana (Mar del Plata, noviembre de 2005), arremetió en contra de los gobiernos de Bolivia, Nicaragua y Venezuela, a cuyas gestiones calificó de involución democrática. Tampoco le escabulló al terrible drama de la narcoviolencia: “No merecemos pagar el precio que estamos pagando”, dijo muy sentidamente antes de concluir que la violencia es el gran problema de su patria y que una forma posible de erradicarla es legalizar el consumo de drogas, apoyándose en las experiencias de Holanda y Portugal. Acá se tiró sin ambages contra su propio sucesor Felipe Calderón: “no se combate la violencia con la violencia”. La relación entre ambos nunca fue del todo buena. En México existen cuatro grandes partidos: el Partido Acción Nacional (PAN, aún en el gobierno), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) producto de la legendaria Revolución, el Partido de la Revolución Democrática (PRD, desprendimiento del PRI) y el Partido del Trabajo (PT). Con mi esposa llegamos al DF en septiembre de 2005, a pocos días del inesperado triunfo de Felipe en las internas del PAN, cuando venció a Santiago Creel, “gallo” del entonces presidente. Pude referirme a esa feliz visita en una nota publicada en la Revista Claves (“México a vuelo de pájaro”, en diciembre de ese año). Según se decía entonces, el Secretario General de la Presidencia perdió por que era un político más mediático que militante. Lo mismo que Fox. En cambio Calderón, hijo de Luis Calderón Valencia fundador y líder histórico del PAN, era panista puro, conciliador y militante de pura cepa. Y ganó nomás la presidencia en las elecciones de julio de 2006, en medio de acusaciones por fraude. El gran mérito histórico de Fox y el PAN, con el cual se aseguró un lugar honroso en la historia de su país y, por carácter transitivo, de toda nuestra Iberoamérica, es haber logrado voltear el asfixiante unicato del Partido Revolucionario Institucional. Cuando al inicio de su discurso en Salta, Fox arremetió contra la demagogia populista en referencia implícita a la gesta histórica que lo llevó a la presidencia, ninguno de los abundantes tránsfugas internos del PRI argentino se dio por aludido; mucho menos ponerse colorado. Cosa del realismo mágico all’ uso nostro, lo aplaudieron a rabiar y con el sayo puesto. Chismecito para el final. La brava Doña Marta, esposa de Don Vicente, a quien yo veía en escorzo a mi derecha, pasó todita la disertación de su marido e incluso el debate posterior, manipulando abstraída su Blackberry; no lo dejó un minuto. ¿Con quién/es se estaría comunicando?, ¿disiparía su aburrimiento con algún jueguito? Encima el importante y calvo senador provincial que estaba a su lado tampoco atinaba a darle charla. ¿De qué podrían hablar ese par de chavos, pues?

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